30€. Tres de mis billetes de diez por ver a una jodida leyenda viva.Siendo así, me parecía poco gastarlos en un trozo de papel con aquellas dos palabras impresas: Social Distortion.
Han pasado muchos años, y se me han escapo un par de veces, pero este Jueves, no iba a volver a ocurrir. Entrada en mano, y obviando a los teloneros (Cosa que daría para otro post) me dispuse a disfrutar del recital. Un “Folsom Prison Blues” me daba la bienvenida a este trígesimo aniversario de la banda, que como excusa, los ha juntado para dar una serie de concertos, y salir de Europa, por qué no decirlo con los bolsillos llenos. El precio de la entrada, abusivo, pero vale, lo aceptamos por quién son y por lo que significan. Ya lo del merchandising, era dejarte robar deliveradamente. Sudadera de toda la vida con logo de la banda = 60€. No sé si habrán vendido muchas,pero de ser así, tienen la jubilación garantizada.
Luces oscuras, y una suave melodía va poniendo a los integrantes del grupo sobre el escenario. “Don’t drag me Down“ empieza y rompe la tranquilidad, para comenzar lo que culminaría tras una hora y cuarto. Un comienzo enérgico y potente, que continuaría con el “Ring of Fire” y “Reach for the Sky” de su disco Sex, Love & Rock’n Roll. A partir de Ahí, un recorrido por toda su trayectoria, dejando caer temas tan “primigenios” como “Mommy’s little monster”, “The Creeps” o el “Sick Boy”. Dejando un poco de lado el “White Light, White heat, White trash”, rindieron tributo a sus temas más añejos del “Somewhere between heaven and hell”, para después centrarse sobre todo en temas del que desde 2004 es su último disco. Un concierto que fue, para mi gusto, un poco en decreccendo pues fue perdiendo el fuelle y potencia de la primera mitad del concierto. Desde aquí, también un tirón de orejas a los técnicos de la Riviera, que no conseguían hacer parar de petardear el micro de Ness, y que (no sé si por gusto o por que no se dieron cuenta) escondían el órgano, que aunque ofrecía pocas y tímidas notas, estaba allí.
Como digo, un concierto que fue de más a menos, dejando caer grandes clásicos (“The story of my life” entre otros) y otros temas con aires más americanos cercanos al country y la cultura puramente Yankee. Como regalo, un tema nuevo que esperamos que forme parte del próximo trabajo de estos “treintañeros”. Un tema “organ-drive” suave y bonito, que me hizo ver a un Mike Ness cansado, un Mike Ness curtido en la experiencia que le han dado los 30 años que lleva pisando escenarios, ya sea con la banda o en solitario. La verdad que poca gente me ha trasmitido tanto con tan poco. Un tio, como otro cualquiera, agarrado y acariciando su guitarra, dejándose llevar por las notas, como si de un chute de aquel caballo mal cortado se tratase. Nota tras nota, sintiendo en sus dedos que forman ya parte la historia del Rock’n Roll. Un Mike Ness maduro, que ha ganado mucho y perdido otro tanto a lo largo de su vida. Born to Lose, live to Win.







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